Señor, la jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado, y mi corazón está loco, porque aúlla a la muerte y sonríe detrás del viento a mis delírios.
Pero que qué haré con el miedo, si que qué haré con el miedo?
El aire me castiga el ser, y detrás del aire hay monstruos que beben de mi sangre!
Es el desastre, es la hora del vacío no vacío, es el instante de poner cerrojo a los lábios, oír a los condenados gritar, contemplar a cada uno de mis nombres, ahorcados en la nada.

¿Cómo no me suicido frente a un espejo, y desaparezco para reaparecer en el mar, donde un gran barco me esperaria con las luces encendidas?
¿Cómo no me extraigo las venas y hago con ellas una escala para huir al otro lado de la noche?
El principio ha dado a luz el final. Todo continuará igual; las sonrisas gastadas, el interés interessado, las preguntas de piedra en piedra, las gesticulaciones que remedan amor. Todo continuará igual!
Pero las flores siguen moriendo en mis manos.
Y los demónios de mi ser han devorado mis esperanzas
Y sin embargo mis brazos insisten en abrazar al mundo…
(Adaptado de Alejandra Pizarnik, “Las aventuras perdidas” 1958)